Diario Hoy
Miércoles, 21 de enero de 2004

Más nabos y menos visitantes en Piornal

Cerca de 14.000 kilos de nabos se arrojaron sobre el Jarramplas La celebración de la fiesta en día laborable restó presencia de público


MIGUEL ÁNGEL MARCOS/PIORNAL
Diario HOY

Once años le ha costado a Sergio Díaz ver cumplido su sueño de convertirse en el personaje central del Jarramplas, la fiesta grande de Piornal y una de las fiestas más populares de la comarca de la Vera. Sergio, un hostelero de 27 años, fue el lunes y sobre todo ayer el objetivo de cientos, miles de nabos, que le lanzaron vecinos y visitantes, siguiendo una tradición que se pierde en la memoria de los piornalegos.

En esta ocasión acompañó a la fiesta un sol radiante, no demasiado habitual en las tierras serranas en esta época del año, en la que suele ser más frecuente la nieve, dificultando la evolución de unos y otros. Aunque ayer tampoco lo tuvieron fácil por el hielo y los regatos de agua que corren por las calles que rodean la iglesia, además de numerosos nabos pisoteados, provocando más de un resbalón y alguna caída.

Un año de preparativos

La fiesta, que se celebra en honor a San Sebastián, arrancó el lunes, aunque según aseguran en Piornal empieza desde el mismo momento en que termina cada año. Entonces el Mayordomo entrante acoge en su casa al Jarramplas saliente, recoge su ropa y ofrece una merienda a los organizadores. Durante el resto del año, aunque más a partir de primeros de diciembre, se trabaja para confeccionar los trajes, las máscaras o el tamboril, además de ensayar las 'alborás' que se cantan a San Sebastián.

El mayor trabajo se lo lleva el traje del Jarramplas, compuesto por una chaqueta y un pantalón blancos, de los que cuelgan un sin fin de cintas multicolores. En cuanto a la máscara es de forma cónica, con dos cuernos y una nariz de gran tamaño, colgando de su vértice superior una cola de crín de caballo. Eso sí, de un tiempo a esta parte bajo el traje se lleva una armadura de fibra de vidrio, para evitar que los insistentes golpes de los nabos provoquen problemas mayores. Protege, pero también resta posibilidad de movimientos, toda vez que llega a pesar 30 ó 40 kilos.

La Víspera

La jornada inicial, la Víspera, realiza las primeras salidas, recibiendo los primeros impactos. Ya por la tarde se procede a bajar de su trono la imagen del santo para vestirlo y colocarlo en las andas. Desde allí presidirá los actos litúrgicos del día 20, el día de la Rosca. Aunque mientras llega se vive uno de los momentos más emotivos, las 'alborás', cuando al faltar unos minutos para la medianoche todo el pueblo se concentra a la puerta de la iglesia. De forma paralela Jarramplas y su comitiva parten desde la casa del Mayordomo entonando la copla 'A la puerta la iglesia/vamos ahora/a rezar una salve/a nuestra señora». En la puerta del templo se rezan tres Avemarías y la Salve, mientras se espera que el reloj de la torre marque las doce campanadas.

En ese momento Jarramplas, con la cabeza descubierta, empieza a caminar hacia atrás tocando el tamboril. Mientras los asistentes recorren las calles del pueblo, a ritmo cadencioso, sin dejar de entonar las 'alborás'. Después, en la madrugada, se ofrecen migas a todo el pueblo, regadas con vino, que se encargan de repartir los quintos de ese año.

La Rosca

Ayer, la Rosca, las actividades se iniciaron a las diez con una procesión. En la misma Jarramplas, de nuevo con la cabeza descubierta, camina de espaldas con la mirada fija en el santo. A su término se subastan las andas del santo para introducirlo en el templo, donde se celebra una misa en la que se canta la Rosca de San Sebastián.

En el exterior, los presentes empiezan a tomar posiciones frente a la puerta de la iglesia, por la que en unos minutos aparecerá Jarramplas. Pertrechados de los nabos que los quintos han ido depositando por distintos puntos de la plaza, esperan la salida del ancestral personaje, que unos ven como una representación del mártir y otros como un demonio o un ladrón de cabras. En unos segundos decenas de brazos se levantan al unísono para lanzar una auténtica lluvia de nabos. Exactamente, y según las cifras que se han facilitado, este año se han comprado 14.000 kilos, traídos de Ávila y de la población pacense de Valdelacazada.

A partir de entonces Jarramplas empieza a moverse de un lado para otro, con la agilidad que le permite su pesada armadura, ofreciéndose a los lanzamientos. Rodea la fuente, se sube a la misma -estando a punto de caer- vuelve a la puerta de la iglesia, se encarama en las escaleras de la torre o se interna en las callejuelas próximas, provocando a su paso el movimiento acelerado de cientos de personas, unos para tomar mejores posiciones en el lanzamiento y otros para evitar recibir los impactos. Sergio, el Jarramplas de 2004, estuvo así más de media hora, con alguna que otra parada para respirar, ya que suele decirse que más que los golpes afectan el calor y el agobio de la máscara.

Cubierto hasta 2015

Minutos después, más relajado, cambiado de indumentaria y sin máscara, recorre las calles al son de la música tradicional, sin parar de recibir besos, abrazos y felicitaciones por el enorme esfuerzo que acaba de hacer para el disfrute de todos. A su paso notamos como varios niños -algunos ya con el traje de colores- le observan embelesados como queriendo hacerse mayores para poder encarnar ellos ese papel el próximo año. Pero aunque pudieran no sería posible, toda vez que la lista para ser Jarramplas está cubierta hasta el 2015.

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© Víctor A. Díaz Calle. 1997-2004