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Diario Hoy. 20-1-06 Cuatro de las seis máscaras ya descansan en el local que ha servido durante los cuatro últimos meses como fábrica de esta tradición que constituye gran parte de la identidad piornalega. El primer día de los festejos en honor a San Sebastián se saldó con un balance de más de 4.000 personas, según estimaciones del Ayuntamiento y tan sólo cinco atendidos por los servicios médicos desplazados a la zona. El Jarramplas, una botarga precarnavalesca, volvió a ser el centro de mira de todos los vecinos de Piornal y de los numerosos visitantes que se acercaron desde diversos puntos de España para participar en este festejo de invierno declarado de Interés Turístico Regional. La escarcha dejaba relucir los últimos restos de nieve en los tejados y bordes de las aceras en una jornada que, pese al sol radiante, no llegó a sobrepasar los 10 º C. A primera hora de la mañana tuvo lugar la petición de ofrendas para el santo, donde los Jarramplas caminan sin máscara por las calles del pueblo junto a sus mayordomos y amigos. Puntualidad exquisita No eran aún las diez y media, cuando las 'cachiporras' del mítico personaje comenzaban a golpear el tamboril. Lo hacían a través de las manos de Francisco Javier Vicente, que encarnaba la primera salida por las heladas calles de Piornal. El relevo se lo daba minutos después el segundo Jarramplas de este año, Marco Antonio Ramos. Así, con un ritmo trepidante, hasta 17 Jarramplas recorrieron ayer un municipio conocido en toda Extremadura por su altitud, cima de la región con 1.175 metros y por esta multitudinaria festividad. Los dos trajes preparados para la ocasión agilizaron el proceso de vestimenta de un Jarramplas tras otro. Un rito que han modificado las nuevas tecnologías. Desde 1993, Jarramplas protege su cuerpo con una especie de armadura de fibra de vidrio -mismo material con el que hoy se construyen las máscaras-. Muchos piornalegos aún recuerdan la sucesión de pantalones, hasta siete, que intentaban amortiguar los golpes de los nabos lanzados por los vecinos. En total, unos 45 kilos soportados a lo que se añade el peso de otros 12 kilos de la careta cónica adornada con cuernos y crin de caballo. El jugo de los nabos, incluso la nieve lanzada por algunos vecinos, incrementa más todavía la carga de una indumentaria que, aún así, permite correr, bailar, arrodillarse y realizar toda una serie de quiebros y contoneos para sorprender, asustar o provocar el miedo de los lanzadores. Fuego cruzado Todos los 'castigados' coinciden en algo: El peligro se centra en las articulaciones. Codos, hombros, rodillas y muñecas son las zonas que más sufren para el héroe local encargado de protagonizar a Jarramplas. Pero no es éste el único en asumir el riesgo. El conjunto de los participantes -piornalegos o llegados de fuera- están expuestos a un fuego cruzado que tiene en Jarramplas su centro y el peligro a su alrededor. Ana Belén Arias y Rafael Gómez, de Cruz Roja Jaraíz, que actuó junto a la dotación placentina, pueden dar fe de ello. Si bien, la primera jornada de este año sólo se ha saldado con cinco personas con golpes y contusiones que no les impidieron seguir tirando. A su lado, las decenas de fotógrafos profesionales también 'se jugaron' los objetivos de sus cámaras y sus propios ojos. La bajada de San Sebastián al trono en la iglesia tuvo lugar por la tarde, con el ritual de vestir al Santo a cargo de las mujeres y el cántico de 'La Rosca' entre todos los asistentes. Después, el momentos más intenso -que se repetirá dos veces en el día de hoy-, la salida por la puerta principal del templo. Más allá, el creciente número de visitas vespertino y los itinerarios de Jarramplas sorprendió a más de uno en la distribución de los nabos.
Esta mañana tienen prevista su llegada José Martín, consejero de Hacienda, la vicepresidenta de la Diputación Ana María Guerra, el secretario técnico de la Consejería de Desarrollo Rural, Manuel Rubio y el presidente de Caja de Extremadura, Jesús Medina. Antes, en la madrugada, el pueblo canta 'Las Alborás' y degusta las típicas migas. Mientras Javier Vicente y Marcos Ramos guardan sus fuerzas para el día grande.
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