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Diario Hoy Marcos Ramos y Javier Vicente se apuntaron en una tarde de enero de 1998 para ser Jarramplas. Ocho años después les llega la oportunidad de ofrecerse a su pueblo en forma de una fiesta cuyos orígenes son inciertos y su disfrute multitudinario. Ambos coinciden en la motivación: «el gusto por vestirse de Jarramplas», en común con la mayoría de los piornalegos, «y por devoción a San Sebastián», añade Marcos Ramos. Ya están compuestos los tres trajes multicolores, las seis máscaras, otros tantos tamboriles y las más de 100 'cachiporras' que hacen resonar la piel de cabra, de perro o la lona de los citados instrumentos, además de servir como objeto arrojadizo del Jarramplas en su propia defensa ante la avalancha de nabos. 'Ya güeli'
El sentir popular de estos días se resume en una frase: «ya güeli a nabo». Los próximos 19 y 20 de enero se descargarán contra esta figura mítica más de 12.000 kilos de una raíz procedente de tierras veratas. El jugo de los mismos incrementa el peso del traje y armadura hasta los 60 kilos. Añadidos a los 12 de las máscaras, dificultan la movilidad del vecino que recorre las calles a ritmo de tamboril. La participación femenina en la fiesta da este año un paso más. Silvia Calle, esposa de Javier Vicente, es la primera mujer pintora de una de las máscaras.
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